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martes, 4 de mayo de 2010

Esto es un juego, la vida es un juego...

...y hay que apostar, como cantaban en "¿Qué apostamos?". En esta oportunidad, un videíto que utiliza la estética de los 8 bits, adorada por todos aquellos que crecimos con nuestro Family Game. Y de paso, ya podría salir algún Super Nintendo trucho, no? No puede ser que en la época del PlayStation 3 sigan vendiendo Familys, ahora con falsa carcasa de PlayStation 3.


Esta es de las clásicas. La mía venía con 76 juegos adentro. Y el cartuchito de Super Mario 3 que me compraron permitía agregarle Power Ups al personaje con sólo apretar un par de botones. Divino.

En fin, comparto la animación que encontré por ahí en el Interwebs, con insinuaciones de género que no comparto. Pero qué divertidas son.

viernes, 30 de abril de 2010

Safari Fotográfico

James Bartholomew "Jimmy" Olsen, el verdadero fotógrafo de los cómics, el "Mr. Action" de El Planeta. El otro nunca llevó al Clarín una sola foto que no estuviera desenfocada. True story (Re: MARVELS).

Ahora recuerdo por qué en ocasiones era más sencillo actualizar el blog. Tenía un kilo de minutos libres detrás del telón del stand up. Este año es la primera vez que llego temprano, o MUY temprano (era eso o caminar hasta acá) así que he decidido subir material original a este modestísimo medio de comunicación que en cualquier momento cumple seis años y se coloca entre los quince sitios de Internet más viejos de la historia. Si Mónica Farro dice que es la sexta más buscada del mundo, hay carta blanca para exagerar.

En esta oportunidad la excusa que nos reúne es el contenido de mi cámara fotográfica. Encontré el dichoso cable que la comunica a la computadora, debajo de montañas de revistas, y pensé: "ahora las bajo, encuentro imágenes increíbles y la rompo en el blog". Sólo aparecieron siete u ocho fotos, de las cuales se salva el manojo que subí a continuación.

La primera imagen cumple la doble función de abrir el safari y cumplir un deber con la sociedad. Verán, el pasado concurso Premios de la Academia tuvo a Norberto (una vez más) como su legítimo triunfador. Se llevó su premio y le saqué la foto, pero una sobrecarga del poderoso elemento químico Laburonio me impidió subir la evidencia hasta este momento. Norberto se lleva un libro más para la colección de libros horripilantes que cada año regala el concurso. Ya tenía la biografía de varios políticos argentinos, entre ellos Lilita Carrió y De La Sota. Ahora se llevó un libro con supuestos chistes verdes, que lo compré hace años esperando sonrojarme y lo hice, de la vergüenza de haber pagado por esa basura cuyo humor más jugado hace que el Pibe Bazooka parezca Jorge Corona.

Un día me encontraba webeando a altas horas de la madrugada, cuando escuché claramente cómo alguien golpeaba el vidrio de la ventana que queda a espaldas de quien se sienta en la computadora. Me corrió un sudor helado por la espalda, porque da a un balcón interior al que nadie debería acceder. Armado con el mismo bastón que utilizo para ver los capítulos de House, corrí la cortina y me encontré con una invasión de polillas, que se amuchaban en el pedacito de ventana cercano a la lámpara. Fue esa semana donde nos invadieron mosquitos, grillos y otras alimañas. Seguro lo recuerdan.

Instantánea del día de mi cumpleaños que demuestra que, pese a haber cambiado de década, todavía sé how to party. Nótese mi mano a la hora de decorar el pastel, ya que los M&Ms están agrupados por color. Cabe aclarar que había un fotógrafo (podría haber sido autoshot) y hasta una tercera persona, para completar la aglomeración.

La obsesión del mes, el álbum de figuritas del Mundial 2010. Lo conseguí hace unos días, y le saqué la foto, además de al primer sobre que abrí. Así que en realidad son dos fotos en una. No sé si eso es bueno o malo. Como verán, salió Buffon de pique, y nueve sobres después seguía siendo el más conocido de los que aparecieron. Y ni un uruguayo. Ni uno. Así que decidí comprar más sobres, hice de tripas corazón, fui a un quiosco lejos de casa (como quien compra una Playboy, cosa que nunca hice... en serio, nunca lo hice, lo diría si así fuera) y resulta que se habían agotado. El jueves. Y recién volverían la semana siguiente. Me quería cortar las venas con una figurita pero NO PODÍA. Porque todavía no tenía repetidas. A punto estaba de pasar el peor 1º de Mayo de mi vida, cuando paseando por Montevideo Shopping encontré un local de Panini. Fue como ver las puertas del Paraíso. Me extrañó que hubiera gente comprando figus sueltas. ¿Tan cerca están de llenarlos o sólo quieren a los conocidos? Sí, a mí también me embola tener a diez hondureños y medio brasilero, pero la gracia es llenarlo del todo. Así que fui al local, pegué un braguetazo y ni bien regrese a casa me pongo a abrir sobres como nene chico. Mi álbum virtual está al 34%.

Finalmente, el otro día fui al supermercado y pasé diez minutos en la góndola de limpieza y desolorificación. Allí decidí innovar y comprar productos que nunca antes había hecho, en casi dos años desde que huí del nido. Ellos son: (1) el clásico desodorante para inodoros. Que conste que quería comprar el de Mr. Músculo y gritar para que una mujer se tomara el trabajo de colocarlo, pero no encontré. Así que decidí llevar uno de Leader Price, que es el Disco cambiándole la cajita a otras marcas y vendiéndolo más barato. No se preocupen, las otras marcas son cómplices de eso. (2) Perfumador de baño. No lo compré porque lo precisara sino por el sistema. Es un portarrollo de papel higiénico que viene con un perfumador adentro. Fantástico. Ojalá se me hubiera ocurrido a mí. Ahora que pienso, portarrollo e inodoro están muy cerca, así que una esquina del baño apestará a perfume mientras la otra... apestará. (3) Y como tampoco encontré recarga de vainilla para mi Aceites Naturales, compré el equivalente aromático del volcán de Fin de Año. Calculo que cuando lo abra empezará a salir popurrí de arriba, hasta cubrir todo el parqué.

Si hay otro paro global del transporte y vuelvo a quedar varado en MovieCenter, quizás regrese por estos lares.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Noche de Corps, noche de amor

Este no es un post de fin de año cualquiera, porque además de saludarlos, repartir buenos deseos y toda esa dulzura cuasi diabética de cada diciembre, voy a contarles el segundo -y por ahora último- capítulo de la historia de los Corps.

Así como nuestro país estuvo dominado en 2009 por una urna, este blog fue tomado prisionero, espiritualmente hablando, por una línea de figuras de acción que desde las góndolas de un supermercado llegaron hasta mi corazón.

No voy a referirme al primer capítulo, ya que pueden leerlo con un solo click, o escroleando tantito, porque apenas si hubo un posteo entre Corpseadas.

La última vez que me referí a estos guerreros, contaba con ocho figuras bien definidas, adornando mi biblioteca. Pero un amigo a quien solamente identificaré como "J" me informó que el tesoro que había encontrado en Supermercados Disco era la tercera parte de la fortuna.

El mapa nos condujo (a Pablo y a mí, recuerden que se transformó en mi sidekick de la búsqueda de soldados) hasta un supermercado Devoto, donde varios clientes casi se revientan la crisma al tropezar con un charco de baba, el que se formó cuando contemplé la siguiente escena.

Tres vehículos, cada uno con su correspondiente miembro del Corps. Jackpot. Que perfectamente podría ser el nombre clave de uno de los soldados. Tal es el caso de Sean "Sparks" O'Brian, tripulante de la lancha ("Patrol Boat") con armas duales que giran, o algo así.

Advertencia: las fotos son de mala calidad porque... bueno, porque las saqué yo.

Billy "Jump" Johnson en su helicóptero de combate ("Combat Copter", literalmente), con armas duales que también giran.

Y por último, el primer Marauder de mi colección: Victor "Vulture" Rokav, a bordo de su nave ("Attack Fighter") con cabina detallada y misiles desmontables.

La cantidad de macaquitos había aumentado a once, pero faltaba la última escala de nuestra aventura: el Hipermercado Géant. ¿Dos personas de treinta años viajarían hasta allá solamente por unos juguetes recomendados para mayores de tres años?

Por supuesto.

Allí están las últimas adquisiciones. Dos muñecos equipados con lanzadores de cohetes. Allí está Arturo "Ravage" Zorin, líder de los Marauderes, y otro Zander "Crash" Baptiste, el barbudo que compré la primera vez. Míralos, míralos, míralos.

Y fuera de sus cajitas, para demostrarles que tengo la capacidad de romper los empaques originales.

Quedan en el debe las imágenes de las naves de Devoto fuera de sus cajas, pero los dejo con una panorámica de la totalidad de muñecos articulados, incluyendo al par de Crashes. A ustedes, ojalá los espíritus de los Corps los protejan y el año que comienza vea todos vuestros sueños hechos realidad. Salud.

Esta foto sí que quedó buena. No lo nieguen, merluzos.

viernes, 11 de diciembre de 2009

El refrigerador de la abundancia

No solamente me gusta hacer acopio de papel higiénico. Está bien, si el invierno nuclear me atrapa en casa, no tendré que limpiarme el culo con los dedos. Pero es cierto que si mi estómago está vacío, el organismo no tendrá nada que cagar.

Por eso tengo mi heladera a tope. Sin privarme de los placeres del cuerpo. Si un día me despierto a las cuatro de la mañana, no tendré que caminar 150 metros hasta el mercadito de la estación de servicio. Alcanza con ir a la cocina, abrir la heladera, y contemplar esa bacanal de alimentos.

¿Vieron? Soy un gourmet. Porque está claro cuál es la bebida más fantástica del mundo, pero sus primas hermanas cumplen el rol de "placeres extraños", como quien un día dice "no me des lionesa de la marca que llevo siempre, dame de la otra".

Pero no solamente de refresco sabor cola vive el hombre, por eso tengo una buena cantidad de Franquesitos, para darme verdaderos banquetes. No se recomienda el consumo de más de tres unidades en la misma comida. Lo aprendí con dolor.

Y la manteca venía con la heladera, creo.

Sé que 700 pixeles no son suficientes para tanta grandeza, así que contemplen un acercamiento de la cueva gastronómica de Alí Babá con todos sus tesoros.

No les muestro el congelador porque no quiero ser fanfarrón (tiene hielo por toditas las paredes).

domingo, 6 de diciembre de 2009

Unos Corps para nada Siniestros


"En este tiempo de confusión, el mundo necesita hombres valientes y de honor; héroes que han demostrado su valor y cuyas habilidades han sido puestas en práctica. ¡Desde distantes partes del mundo, estos personajes avanzan, los mejores de todos, y toman la capa de The Corps®! Un equipo preparado y dedicado a proteger a todas las personas, todos los países, nuestro mundo".

Con esas sencillas palabras, traducidas seguramente por un ordenador del siglo XX, los Corps ganaron mi corazón. Resulta que en el Disco de Punta Carretas hay un espacio libre que es renovado mensualmente, y en diciembre le tocó el turno a los regalos para niños. Curioso Jorge que soy, recorrí sus pasadizos y me topé con uno de estos muchachos, que me miraba detrás de unos gigantescos adhesivos.


Lo primero que me llamó la atención fue que el importador me advirtiera acerca de peligros que el juguete no podía generar jamás. No es una bolsa, no dispara, no utiliza proyectiles, no contiene broches, no se instala en cunas, no se instala, no se entrega a los niños ni requiere pilas. Así que, básicamente, TODO lo que dice el adhesivo es falso.


Les decía que detrás de aquellas advertencias (al soberano pedo) se escondía una figura de acción de 95 milímetros (las famosas "3 con 3/4 pulgadas" de los G.I. Joe o los muñequitos de Star Wars). Esas que hoy en día pueden comprarse en Mosca (Clone Wars, G.I Joe La Película), sin temor a equivocarme, a un precio que oscila entre 500 y 600 pesos. Hoy por tratarse de una oferta de Supermercados Disco, llega al público por tan solamente 90 peeeeesos.

Baratísimo. Me llevé dos. Y no me llevé más porque estaba con mi novia, y porque el personal de seguridad del Disco ya estaba preocupándose ante la presencia de un joven barbudo que babeaba en la sección de juguetes infantiles. De vuelta en casa, revisé el cartón de los muñecos. La línea consistía en quince figuras, pero el Disco no tenía todas.


Me puse un recordatorio en el celular, para volver al día siguiente y llevarme un par más. Fui, y tardé tanto tiempo determinando de qué modelo quedaban menos ejemplares (para llevarme los más difíciles), que decidí comprar los seis que me faltaban. Les presento, entonces, a mi colección.


Tranquilos. Lejos de comportarme como el über nerd que aparece como personaje secundario en las comedias de situaciones de más alto nivel (e incluso protagoniza alguna), decidí sacar a los macacos de su envoltorio. Vale la pena verlo, así esto es una especie de fotorreportaje.


Las figuras tienen muy lindos detalles, y cada una trae entre dos y cuatro accesorios únicos. ¿Mencioné que cuestan 90 pesos? Así que con ayuda de mi amigo Pablo, quien también mantiene con vida la parte lúdica de su cerebro, coloqué en la biblioteca a Alex "Rucker" Brody y Zander "Crash" Baptiste (Terra Team), Elliott "Eagle Eye" Reaver e Ivan "Condor" Lushka (Flying Force), Carlos "Gills" Pérez y Marcus "Rip" Dundee (Sea Squad), Gerard "Fixer" Rainer y Hugo "Shadow" Ortiz (Covert Command).


Todavía queda mucho por recorrer. Cada escuadrón tiene tres integrantes, así que me falta uno de cada. Más los tres Marauders, que son los malos. Pero ya entré al sitio web oficial y me uní para tener acceso a contenido exclusivo... Unos dos o tres renglones con datos sobre los personajes. Y jugar al peor juego de flash de la historia. ¡Pero es de los Corps! Además muestran vehículos.

Espero que el Disco se ponga las pilas, como se las puso con la Coca-Cola de litro y medio retornable, que la dejó enfriar. ¡Traigan a Ice, Jump, Sparks, Ghost, Ravage, Vulture y Plague! Y ustedes avisen si los ven en otros locales de la cadena de supermercados.

Completen su colección y después nos juntamos a jugar.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Un ph de 106


A la gente le gusta estar preparada. Por eso las madres te dicen "no salgas con esa ropa interior sucia, mirá si te pisa un ómnibus y los paramédicos descubren una palometa". No sirve explicarles que si te pisa un ómnibus, poco tendría que preocuparme por el estado de mis calzoncillos, que seguramente resulten cagados o por la impresión o porque muerto a uno se le aflojan los esfínteres.

Después están los que van un paso más, y tienen un búnker preparado para la Tercera Guerra Mundial. Ta, capaz que no es un paso más, sino unos cuantos pasos más. Seguramente hay un montón de ejemplos divertidos en el medio, pero no tengo ganas de ponerme a describirlos. Entren a Wikipedia o algo así.

Esos tipos pretenden sobrevivir a un futuro post apocalíptico comiendo comida enlatada y viviendo en unas cuchetas subterráneas. A mí me encantaría tener el poderío económico como para guardar corned beef, arvejas, algún duraznito en almíbar, patés de variados sabores, aceitunas con ajo (por supuesto) y palmitos, que aunque no me gustan tendría que ingerirlos para seguir con vida.

Pero no puedo, así que relacioné aquella advertencia de mi progenitora ("no andes con los calzones cagados") con la del Apocalipsis y tomé la decisión lógica: empecé a comprar papel higiénico. Cada vez que visitaba el supermercado y podía llevarme un paquetito de rollos, lo hacía. Así fui llenando el placarcito del baño hasta que se vio de la siguiente manera.

Figura 1: Los rollos guardados en el cuartito del baño. El fuera de foco es porque estaba torcido sobre el inodoro con poco espacio para maniobrar y poca paciencia para comprobar que la foto había salido bien.

Es cierto, no se ve mucho. Están apretaditos, tampoco iba a dejarlos adentro del bidet; imaginate si dentro de dos años viene gente a casa y quieren usarlo. Esto suponiendo que no estamos en un futuro post-apocalíptico, sino un futuro a secas. Así que todo para adentro del roperito.

Creo que no es justo para ustedes apreciar mi colección de papel higiénico (sí, puedo llamarle colección sin sentirme extravagante, porque estoy seguro de lo que hago) desde esa posición, así que temprano en la tarde saqué los 106 rollos y los desplegué en la escalerita que da al baño, para compartir mi alegría con ustedes.

Figura 2: Los 106 rollos acomodados en la escalerita. Como verán, traté de que la marca del papel se viera lo menos posible, ya que esa empresa no colabora económicamente con el blog y ta, no voy a andar regalando publicidad. Negociemos.

Después de sacar la segunda fotografía me di cuenta de que algunos rollos quedaban ocultos detrás de los que los antecedían, y la gente podría pensar que eran todos paquetes de cuatro rollos, cuando la realidad es que son todos de seis, menos los dos de adelante, que compré a suerte de "delicatessen" por si un día, después del fin del mundo, quizás algún 27 de marzo, se me ocurre celebrar mi cumpleaños limpiándome el culo con papel de mejor calidad. El resto no, es del baratillo aunque no el más baratillo.

Así que, una vez que los había guardado, volví a sacarlos y los desplegué en el piso de mi cuarto, para que ustedes puedan contar los 106 rollos (16 paquetes de seis, más dos paquetes de cuatro, más un par que tengo de un paquete abierto. No saqué el que tengo en uso por miedo a olvidarme de devolverlo y encontrarme sin papel la próxima vez que esté haciendo un sundae). Ahí los tienen.

Figura 3: Desplegaditos en el parqué. Aprecien el trabajo que me tomé, llevando todos los paquetes de aquí para allá más de una vez. ¿Cuántos blogs harían eso? ¿Cuántos blogs quedan? ¿En serio? No, es que pensé que el mío era el último.

Mientras los afilaba pensé que quizás algún lector con ínfulas de listillo podría pensar que las fotos no son mías. Que no soy el tipo previsor que yo les quiero demostrar. Que robé esas tomas de algún flickr (en serio, ¿cómo se pronuncia?). Así que, para demostrarles que yo no soy ningún loquito, puse como "prueba de vida" mi colección de lapiceras azules. Porque si hay algo que debo tener siempre conmigo es una lapicera. Pienso seguir escribiendo aunque el mundo reviente. Me sobra lápiz y papel.

Figura 4: La prueba de vida. Últimamente estoy enfermo con las que aparecen abajo a la izquierda, que se compran de a pares en el supermercado. No son retráctiles (antes compraba sólo retráctiles) pero tienen un trazo precioso.

Hasta la próxima vez que quiera compartir con ustedes alguna otra sana costumbre.

sábado, 20 de junio de 2009

Jenga de placer


Después de doce horas de sueño (ocho de ellas con el calientacamas prendido, porque cuando lo quise apagar para dormir LE SUBÍ LA POTENCIA), sólo podía pensar en el dolor de cabeza que tenía, en los kilos que había perdido durante la noche (ver paréntesis anterior) y en el hambre impresionante que tenía. Tanta, que de haber tenido ingredientes en el placard, hubiera sido capaz de cocinar algo. Mentira, seguramente hubiera terminado comiéndome los ingredientes por separado.

Era cuestión de caminar los pocos pasos que me separan del centro comercial y negociar alimentos. Ya era tarde para el carrito de comidas calientes del Disco (hasta las 14:00, y eran 15:30) así que caminé hasta la isla que está frente a Mosca. Las tartas eran comunes y me daba vergüenza preguntar si se podía pedir para llevar, así que tomé el ascensor secreto al lado de OCA y me dirigí a la Plaza de Comidas.

Allí estaba el abanico completo de oportunidades para todos los paladares: McDonald's y Burger King. Como había cenado una Cuarto de Libra ($50) el otro día, opté por la monarquía, casi seguro de que elegiría la hamburguesa doble con queso y beicon, sin pepino. Pero allí estaba la publicidad de siempre, tentándome con su silencio, indiferente pero sensual.

"Stackers". Prácticamente un jenga de placer. La acumulación vertical de hamburguesas. Sentí que era mi momento, me acerqué a la cajera (ya era tarde así que no tuve que esperar) y le dije: "una cuádruple". En ese momento todos detuvieron lo que estaban haciendo. Como en aquella publicidad de Pepsi en la que un tipo entraba al bar y pedía una Coca. Claro que la traducción políticamente correcta decía "cualquier cosa". Y después sí, pedía una Pepsi y todo volvía al bullicio de antes.

Pagué (bastante) y me la llevé a casa, tomando el mismo ascensor secreto. Al llegar al Cubil Felino, tomé una fotografía de la vitualla que luego pasaría a mejor vida, junto con los ligamentos de mi maxilar inferior, que se partieron tratando de engullirla.


¿Repetiré la aventura? Seguramente. La hamburguesa tiene los condimentos necesarios (queso, panceta, una salseta rara) y es gustosa. Para los que prefieren BK sobre McD será una victoria clara. A mí me pareció una interesante variación. Igual el Cuarto a $50 es difícil de superar, sobre todo para un roedor de alcantarilla como yo.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Proteste yo (5) - Milagro de diciembre

Un diciembre hace muchos millones de años, en un pesebre de Medio Oriente, nacía Dios hecho hombre, que luego moriría en la cruz para salvarnos. Otro diciembre pero de 2008, un grupo de pobres campesinos fue testigo de un hecho igual o más importante para la historia de la humanidad.

Después de una larga batalla contra las corporaciones, un grupito de blogs alzó la voz por las libertades individuales, más específicamente la libertad de comprar Coca-Cola de litro y medio retornable fría en el Disco Natural de Punta Carretas Shopping. Libros de quejas fueron firmados, números de atención al cliente fueron discados, hasta el 14 de diciembre, cuando en una heladera de Belén ocurrió un nuevo milagro de diciembre.

Ganamos. Esto no fue casualidad. A veces creo que soy el hijo de Chuck Norris en serio; las gestiones de mi viejo fueron la gota que se condensó en la heladera de la justicia.

Ahora ustedes podrán volver a llevar sus vidas tal y como lo hacían antes de que comenzara la batalla. Yo permaneceré alerta, como el último vigía del faro del fin del mundo (Marcos Morón®). Mientras tanto festejemos...

En otros blogs seguramente lo harían con el Himno de la Alegría. Pero no solamente es pedorro sino que acaba de pasar la Noche de las Luces y no vamos a darle publicidad gratuita. Así que los dejo con algo más acorde.



Gracias a todos.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Proteste yo (4) - La Résistance

Lo que al principio parecía una campaña inocente ya está dando sus frutos y haciendo mella en lo más alto de la cadena económica de nuestro país.

Un servidor de la noble causa de la Coca-Cola de litro y medio retornable fría en el Disco Natural de Punta Carretas Shopping (ta, mi padre) llamó a la planta embotelladora y se trabó en duelo dialéctico con las autoridades del supermercado y llegó a una conclusión desgarradora.

Es una movida de Coca-Cola para que compremos la de dos litros.

Lo hacen a propósito. Es algo pensado, elucubrado, manipulado. Y desde el Disco no tuvieron más remedio que admitirlo y condenar a los verdaderos culpables.

Quizás en nuestro corazón lo supiéramos, pero llegó la confirmación oficial. Estos hombres quieren dirigirnos como lemmings hacia el agua (algo que los animales no hacen naturalmente, fue un engaño de los documentaristas de Disney... busquen en internet). Tocando nuestros bolsillos justo en vísperas de un conflicto global mundial.

Pero aquí plantamos bandera. Y como las rayas del Paso del Yabebirí decimos "¡Ni nunca!" El último bastión de la resistencia coca-colera nació en este blog y se multiplicará hasta el infinito. Hasta que vuelva esa Coca-Cola de litro y medio retornable fría al Disco Natural de Punta Carretas Shopping.

Yo no pedí ser el John Connor de las gaseosas. El mundo me puso ahí.

De un imperio a otro

Mientras continúa la lucha por esa coca fría, sepan que McDonald's cambió su hamburguesa de $45. Una mala noticia para los fanáticos de la Cuarto de Libra... sino fuera porque ahora tienen en oferta una McBacon con doble hamburguesa que es UN INFIERNO. Quedé babeando y maldiciendo por haber comprado sólo una.

Como siempre, recuerden pedirla sin ketchup ni cebolla. Después no digan que no les avisé.

El ham-burgués.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Proteste yo (3) - Trabajo de campo

El día martes estuve en Tienda Inglesa de Montevideo Shopping. Tal y como anunciaron algunos de los commentadores, en las heladeras había Coca-Cola de 1,5 litros retornable (ver foto).


Yo estaba lejos de casa, así que no iba a cargar con tanta bebida. Solamente quería una Coca-Cola de 600 ml para disfrutar de mi almuerzo. Pero los muy joputas no tenían Coca-Cola de 600 en la heladera. No les estoy mintiendo, sentí que mi misión ya hizo mella en las grandes corporaciones y ahora están tomando venganza.

Mientras tanto, en el Disco Natural de Punta Carretas Shopping sigue sin haber Coca-Cola de 1,5 litros retornable en las heladeras (ver foto).


Así que todavía queda camino por recorrer, que podrá incluir el corte de calles, la quema de neumáticos y el retiro de nuestro embajador. Esperemos no llegar a tanto.

Antes de retirarme, felicito a los dos blogs que ya se sumaron a la campaña, colocando el hermosísimo logo en 3D que tanto trabajo me tomó. Pueden checarlos en la columna de la derecha.

Esta historia continuará.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Proteste yo (2)

Como un Michael Moore uruguayo (mucho más flaco y vergonzoso), estoy haciendo temblar los cimientos de las multinacionales. Recién llamé al Servicio de Atención al Consumidor de Coca-Cola, donde con las dificultades comunicativas que me caracterizan (sobre todo por teléfono) le relaté la triste situación de la Coca-Cola de 1,5 litros en envase retornable. Que sigue sin estar en las heladeras del Disco Natural de Punta Carretas Shopping.

Tuvo que cortarme por la mitad de mi oratoria porque no había entendido nada. Así que medio que le expliqué y medio que me dijo que iban a pasar el reclamo al local correspondiente.

¿Me darán pelota en mi insignificante pero válido reclamo? No lo creo ni por un instante, pero mi derecho de protestar empieza cuando termina el derecho de las corporaciones de tocarnos el culito. Y a mí podrá hacerme cosquillas, pero no me gusta que me toquen el culito.

Habrá más informaciones para este boletín. Mientras tanto encontré una solución compleja para la Coca-Cola caliente: stockearse. Siempre voy una Coca-Cola adelante, comprando con el tiempo suficiente para que se enfríe.

Pero semejantes cálculos mentales no deberían existir en una sociedad capitalista que se precie de tal, por eso seguiré luchando por mí y por ustedes, consumidores del mundo.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Proteste yo

Basta de dejarse someter a los caprichos de las grandes superficies comerciales. Tomemos el gigantesco toro por las gigantescas guampas con nuestras minúsculas manos y ejerzamos nuestro derecho a reclamar lo que nos corresponde.

Eso mismo pensaba yo cuando pedí en Atención al Cliente del Disco Natural el buzón de sugerencias. Me dijeron que no tenían, y como no me iba, me dijeron quince segundos después que tenían un cuaderno de sugerencias. Mientras tanto imagino que por lo bajo se reían de mí.

Con una lapicera proporcionada por la encargada de Algo (seguramente con tinta que desaparecerá dentro de unas horas) escribí una corta pero punzante queja acerca de las condiciones de refrigeración de un tipo en particular de bebida refrescante.

Allí planteaba mi protesta ante la constante falta de Coca-Colas de 1,5 litros (en su variedad de envase retornable) en las heladeras del fondo. Nunca hay cocas. Entonces uno tiene dos opciones: llevarse una coca caliente (¿cómo resisto hasta que se enfríe?) o llevar una de 2 litros retornable.

Mi carta terminaba sugiriendo que "alguien" con suspicacia podría creer que lo hacen a propósito para que tengamos que llevar una Coca-Cola más grande, agrandando las de por sí gigantescas (y dale con ese adjetivo) arcas de la familia Disco, verdaderos patricios del supermarketing.

Necesito de la ayuda de todos ustedes. Si comprueban alguna injusticia similar en relación a la venta de refrescos, pidan esos cuadernos de sugerencias (buzones no hay) y expláyense con la libertad que todavía nos da el presidente. Que cualquier día se revira y dice que las sugerencias son malas para la salud y nos quedamos sin cuadernos.

Y ni por un segundo piensen en esas encargadas de Algo, que todavía deben estar riéndose de la sugerencia que les dejé.

viernes, 10 de octubre de 2008

Silicon fly


Por un momento me asusté. Creí que las moscas estaban evolucionando en una especie de moscas zombies. Yo les daba con el matamoscas, pero una vez que caían al suelo seguían moviéndose, caminando. Les volvía a pegar y ellas volvían a moverse, a caminar. Una llegó a escalar la bolsa de nylon de la papelera.

Quizás el mundo estaba viviendo sus horas finales antes del ataque masivo de las moscas inmortales, que primero irían por nuestros cerebros, luego nuestro capital, nuestros medios de producción y nuestras propiedades, hasta convertir la Tierra en el Planeta de las Moscas.

Unos minutos más tarde me di cuenta que no era tan así. Que la culpa la tiene el matamoscas enclenque que compré por 20 pesos, hecho con un plástico de morondanga. Se bambolea tanto el podrido, que cuando lo dirigís a toda velocidad contra la espalda del insecto (en ese milisegundo en que deja de zumbar y se queda paradito en el vidrio) termina siendo como una palmadita en la espalda.

Esperen a que vuelva con uno nuevecito, de paquete.

domingo, 5 de octubre de 2008

Economía doméstica

¿Recuerdan la película Punch-Drunk Love-Embriagado de Amor? El personaje interpretado por Adam Sandler descubría la falla en una promoción de alimentos que le permitía acumular millas por muy poco dinero (basado en la historia real de David Phillips).

Bueno, anoten porque lo que voy a contarles sucede muy cerca de vuestros hogares.

Los supermercados Disco (o al menos el que yo visito regularmente) reeditaron la promoción Todo a $10, donde una gran cantidá de productos son etiquetados con el mencionado precio.

¿Me siguen? Bien. Uno de los productos merecedores de tal atención son las servilletas Sussex de 50 unidades (UPC 7 730219 014415). Las mismas están en la góndola justo al lado del paquete grande de Sussex, de 150 unidades (no anoté el UPC), marcado a $40,50.

Check and mate.

El capitalismo salvaje quiere que compres la mayor cantidá de un producto, así que el precio por unidad disminuye a medida que uno adquiere el mayor paquete. Por eso la Coca-Cola de litro cuesta $21,50 y una de dos litros cuesta $37 (los precios pueden variar).

Además, el paquete de 150 servilletas las trae todas juntas, y el de 50 es mucho más práctico para tener arriba de la mesa cuando vienen visitas.

Así que ya lo saben, reserven espacio en sus carritos para acumular decenas y decenas de servilletas Sussex en su presentación de 50 unidades (UPC 7 730219 014415). Después no digan que no les avisé.

lunes, 29 de septiembre de 2008

La conspiración olivácea

Hacer las compras del supermercado sin seguir una lista preparada por mi vieja es bastante novedoso. Pese a que suelo recibir sugerencias de la percanta, suelo tener arrebatos de iniciativa y agrego cosas al carrito que no son para la supervivencia diaria.

Mi último hallazgo fueron las aceitunas rellenas. Un gusto personal, porque el 50% restante de mi hogar odia las aceitunas. Y que conste que no soy un caído del catre: sé que existen y las degusté durante años en algunos asados realizados chez mi tío. Pero nunca en la vida cotidiana.

Arranqué por las rellenas de ajo, marca Ybarra. Resultaron ser una delicatessen deliciosa. Tanto, que terminé el coqueto frasquito de vidrio en tiempo record, y dos días después compré otro. Cuando mi pasión estaba convirtiéndose en adicción y me disponía a ingerir el tercer frasco en menos de una semana, no encontré más.

Esta clase de productos están divididos en dos góndolas diferentes del Disco. Por un lado, las de productos "importados" junto a manicitos y otros snacks con carátulas en ruso o árabe, y precios un pelín superiores. Pero también están junto a las aceitunas mundanas.

Lo cierto es que no aparecieron en niguno de los dos lugares. Solamente quedaban dos variedades de las Ybarra: rellenas de almendras y rellenas de limón. Dos bostas infames que merecerían ser borradas de la tierra. Claro, todavía están criando telarañas en el supermercado, y hasta que no se vendan quizás no aparezcan más ajitos. Poor, poor me.

En fin, decidí cambiar, y por eso compré las aceitunas rellenas de anchoas marca Guillén. Este sabor en particular era el que degustaba en lo de mi tío; lo del ajo fue descubrimiento puro. Dos latas después, se terminaron.

Ahora escribo este post después de llegar del autoservicio de la estación, en donde compré la ÚLTIMA lata de Guillén con anchoas. Tanto en el Disco como allí sólo quedan algunas de morrón. Y yo dudo entre creer en la conspiración olivácea o simplemente estar frente a una señal más de la entropía del universo, que va a terminar comiéndonos a todos.

FIN

Apostillas:
En la página web de Tienda Inglesa encontré aceitunas con anchoas Carbonell, Oro Verde y Fragata. Con ajo Oro Verde, y otras variedades de Fragata, como queso, cebolla y atún. Casualmente mañana voy a pasar cerca de uno de los locales del viejo Henderson, así que si se cruzan con un hombrecito cargando veinte latas de aceitunas en una bolsa de arpillera... no sé, saluden.