En aquel momento exigí una explicación.
Debo realizar una confesión antes del partido de Uruguay frente a Ghana, partido que (quizás) signifique el regreso del combinado celeste del campeonato disputado en tierras sudafricanas.
Yo puteé a estos muchachos. Hace dos años, cuando estaban por empezar las eliminatorias. Lo dije. Ahora me siento liberado. Sentía que tenía algo oprimido en el pecho desde... bueno, desde hoy de mañana, porque me había olvidado completamente de este encuentro. Pero buscando una foto del Maestro Tabárez sosteniendo la espadilla me encontré con una crónica de aquel momento, completita, con foto de mi presencia en el Centenario gracias a unas entradas de Macromercado. Recordala aquí.
Resulta que en febrero de 2008 fui por tercera vez en mi vida a ver a la selección (después del primero y último de los partidos de la Copa América '95). Aquella noche jugamos contra Colombia y si creo en mis palabras (no tendría por qué no hacerlo) jugamos bastante mal.
Rescato frases como "durante el primer tiempo casi me duermo en reiteradas oportunidades". Y "sobre el final del primer tiempo empecé a pedir a Recoba". Imagínense lo que fue eso. Ojo, anticipé un "un día vamos a darnos cuenta de que somos espantosos, y todo va a ser mejor. Mientras tanto, seguimos aspirando a clasificar a los mundiales". No estuve tan errado.
Volviendo al partido, el público puteaba bastante, y yo me dediqué un poco a escuchar las puteadas de los demás y otro poco a poner mi granito de arena en la playa de la maldad. Sobre el final del partido, los colombianos iban ganando 2-1 (la crónica objetiva de los muchachos de AFP la pueden encontrar en este enlace. NO CREAN LO DE ENTRETENIDO), pero lo empatamos en la hora.
Pues bien, el autor del gol fue un muchachito que en la actualidad nos está dando grandes satisfacciones. Un tal Luis Suárez. El problema es que, en lugar de festejar la conquista, Luisito se dirigió a la tribuna reprochando los insultos (que eran de mal gusto pero todos, todos, todos justificados).
Eso me enfureció bastante. No hay otra explicación para las barbaridades que publiqué hace más de dos años en su honor:
"En medio de mis gritos, veo que el botijita que hizo el gol nos hizo señas. A mí y al resto de los puteadores de la América. Te estoy hablando a vos, Suárez. A ver si nos entendemos. Sos tan culorroto, pero tan culorroto, que te arrastrás como una babosa 80 minutos seguidos, y porque hiciste un lujito al final del partido nos viniste a reprochar. Andá a lavarte las tetas con líquido abrasivo. Difícilmente vuelvas a verme en el estadio, salvo que Macromercado quiera torturarme otra vez. Pero vos dormí tranquilo, pensando que la redención es ponerle una guinda a un pastel hecho de bosta".
Dicen que uno debe ser responsable de sus actos. Por eso quería compartir este momento con ustedes. Yo le grité de todo a Suárez. Y quédense tranquilos que si vuelve a jugar como aquella noche, lo voy a hacer de nuevo. Ojalá con algo más delicado que "andá a lavarte las tetas con líquido abrasivo".

